Si ves a tu vecino cortar las barbas, pon las tuyas a remojar, reza el viejo dicho popular que nunca pasa de moda, especialmente en los sinuosos pasillos del poder municipal de Puerto Vallarta. En las sombras, los titiriteros del Ayuntamiento juegan al Monopoly con el erario público, mostrando una vez más sus dotes de magia burocrática para desaparecer fondos.

Una luz de esperanza es que la Fiscalía anticorrupción está haciendo su trabajo destapando la caja de Pandora. Galilea Guadalupe “N”, supuesta abogada sin cédula, es solo la punta del iceberg en un Ayuntamiento donde el conflicto de interés y tráfico de influencias parece ser la norma y no la excepción.

Añadamos el caso de Jorge Alonso «N», exjefe de nóminas, y otros tantos que parecen tener el manual de cómo no se debe gestionar la administración pública. Este señor, al parecer, estaba más interesado en mantener contentos a sus amigos en las normas que dar buenos resultados. Y no olvidemos a la extitular de Proveeduría, Rosalba Paola, cuya gestión dejó tanto que desear que su sombra aún se pasea por los pasillos del poder.

Este festín de irregularidades no es exclusivo de una administración pasada, oh no. El actual alcalde, Luis Munguía, parece decidido a no quedarse atrás. Entre acusaciones de nepotismo, ‘aviadores’ y empleados fantasmas, la reingeniería administrativa ha multiplicado los puestos sin duplicar la eficacia. ¿El resultado? Más gerencias y direcciones que una telenovela tiene capítulos, todas con un apetito voraz por los recursos que deberían ir a mejorar la ciudad.

Carla E. , por ejemplo, supuesta asesora del alcalde ha sido acusada de ser aviadora, lo mismo que su hija en la Dirección de Juventudes. O Ludwig N., contratado en el Instituto Vallartense de Cultura pese a obrar en su contra denuncias por violencia de género y lesiones. Estos son claros ejemplos de cómo las viejas prácticas no parecen cambiar. Como cereza del pastel: Lucky Michel, la Oficial Mayor acusada de nepotismo, maneja los recursos humanos y financieros como si fueran fichas de dominó en su patio trasero.

Luis, mi querido arquitecto de ilusiones, si realmente quieres un truco impresionante, ¿por qué no desapareces el despilfarro y haces aparecer un poco de integridad? Vallarta no necesita más magos en la administración, necesita verdaderos servidores públicos que entiendan que el dinero público no es para trucos de salón, sino para mejorar la vida de quienes realmente mantienen viva la ciudad.

No necesitamos más malabaristas del presupuesto ni ilusionistas del deber cívico. Necesitamos líderes que realmente entiendan que administrar una ciudad no es un show de talentos para ver quién esconde mejor su juego. Puerto Vallarta merece más. Mientras los verdaderos héroes, nuestros bomberos que venden calendarios para mantenernos seguros, los payasos en el cabildo juegan a ser magos financieros con el dinero de todos.

Ya es hora de que el telón caiga sobre este acto y que verdaderos profesionales tomen el escenario. Porque, al final del día, si no aprendemos de los errores del pasado, seremos nosotros quienes tengamos que remojar nuestras propias barbas en el fango de la corrupción.